¿Por qué hay chicos que no van a la escuela? Por Javier Conde Estudiante del Profesorado para Nivel Primario Esta pregunta esconde en su seno una interesante paradoja. En algunos de chicos este interrogante no surge debido a la rareza o a la falta de contacto con el fenómeno, sino todo lo contrario, debido a la cotidianeidad. La mayor parte de los adultos ya no nos asombramos al ver a un niño en edad escolar subir a un subte a mendigar una moneda, ni al ver a una familia entera buscando su cena directamente de una bolsa de basura. Los chicos tampoco. Quizás la primera reacción deba apuntar a eso mismo, debemos desnaturalizar la indigencia. Debemos comprender con nuestros hijos y/o alumnos que estas situaciones, por más comunes que se presenten, ocurren acá y ahora. Que no son una verdad universal. Que no siempre existieron ni tienen que ocurrir eternamente, que no ocurren en todos lados. Debemos entender que son consecuencia de elecciones, de formas de concebir las relaciones entre personas de una sociedad, de una configuración de prioridades. Esto se hace patente cuando pensamos el caso de países que decidieron perder determinadas cosas en detrimento de otras, priorizando que los chicos coman y vayan a la escuela. En este punto se evidencian dos conclusiones importantes para compartir y reflexionar con los chicos. Por un lado, su condición de privilegiados. Que en un sistema de tanta exclusión como el nuestro, ellos puedan acceder a la educación, a la salud, a una vivienda digna, los transforma directamente en unos elegidos. Pero este privilegio trae consigo una gran responsabilidad, que es justamente la segunda conclusión. Solo al saberse elegidos comprenderán a fondo su papel en la sociedad. Ellos que tuvieron la fortuna de acceder a la educación, de formarse como sujetos críticos son quienes el día de mañana tendrán el deber de repensar y elegir qué tipo de sociedad quieren tener, cuáles son los valores más importantes, cuáles son los derechos inalienables de cada persona. En otras palabra, ellos son quienes tendrán el poder de cambiar este fenómeno que hoy, por suerte, los asombra. |