¿Cómo detectarlo?
Es un cuadro muy variable e inespecífico, por lo que para hacer el diagnóstico es importante tener la referencia de si el paciente estuvo expuesto a altas temperaturas, al sol o realizando actividades deportivas en días de clima muy caluroso. Se presenta acompañado de fiebre alta (superior a los 38ª de temperatura axilar), dolor de cabeza, sed intensa, sensación de cansancio y somnolencia. También puede producir náuseas o vómitos, calambres musculares, convulsiones y alteraciones de la frecuencia respiratoria y circulatoria. Hay que prestarle atención a la sudoración, que suele ser abundante los días de calor y que cesa cuando se produce la insolación; en este caso, la piel está seca, caliente y enrojecida.
¿Qué hacer?
Trasladar al niño a la sombra, en un lugar fresco y tranquilo. Mantenerle la cabeza en alto. Mojarle la ropa, aplicarle hielo en la cabeza o en su defecto compresas de agua fría. Darle a beber agua fresca o un poco salada de a pequeños sorbos. Si es posible, desnudarlos y sumergirlo en agua fría hasta que la temperatura del cuerpo haya descendido por debajo de lo 38ª, envolverlo luego en toallas húmedas y colocarlo en posición lateral de seguridad en un lugar aireado. Es imprescindible que sea evaluado por un médico. En algunos casos puede ser necesario recibir reanimación con masaje cardíaco y respiración artificial.
El tratamiento debe buscar la disminución de la temperatura en un plazo promedio de una hora. Cuando se retrasa más de cuatro horas o no ha sido eficaz de inmediato, puede originarse un shock de edema pulmonar, ataxia cerebral, insuficiencia renal o hepática o lesión cardiaca.
¿Cómo evitarlo? No realizar actividades deportivas durante los horarios en donde el calor ambiental es más alto. Usar ropas apropiadas y de material absorbente, permitiendo la mayor cantidad de piel expuesta al ambiente para facilitar la evaporación del sudor. Tener una hidratación adecuada previa al entrenamiento o competencia, de 15 a 30 minutos antes, con 150 a 200 ml de agua en niños menores de 40 Kg o con 250 a 350 ml niños mayores. Beber cantidades similares de agua “templada” cada 20 a 30 minutos durante la actividad deportiva. A los jóvenes que realizan competencia fuerte les ayuda mucho pesarse antes y después del entrenamiento o competencia, ya que por cada kilogramo de peso perdido se requiere beber un litro de agua.
Asesoramiento: Dra. Patricia Ross (Pediatra)
|