Por la Lic. Patricia Ana Faragó – Psicóloga del Hospital de Niños R. Gutierrez jypgarbarino@ciudad.com.ar
Es en este contexto que comienza gradualmente la enseñanza del control esfinteriano. En la medida que el niño reconoce a su mamá como alguien diferente y separado, empieza a sentir el temor de perderla y por este motivo esta etapa se caracteriza por los caprichos y berrinches, que son usados por el niño como un modo de retener y dominar a su madre, justamente por el miedo a la separación. En psicología se denomina Fase Anal a la etapa que transcurre entre los 2 y los 4 años y que coincide con este aprendizaje que constituye un progreso hacia la independencia del niño. Aparecen logros importantes en el área motriz, en el lenguaje y en el pensamiento.
Es aconsejable comenzar con este entrenamiento si se reúnen las siguientes condiciones:
El lenguaje debe estar lo suficientemente desarrollado para que el niño entienda lo que le piden y pueda expresar sus necesidades. Deben haberse superado pautas de comportamiento de la Fase Oral, o sea, no usar biberón, chupete, etc. Debe tener un buen dominio muscular que le permita caminar y sentarse cómodamente en su “pelela” apoyando los pies en el piso y pudiendo ver lo que sale de su cuerpo. Evitar que coincida el comienzo del aprendizaje con situaciones de stress, tales como mudanzas, divorcios, nacimiento de hermano, etc. Debe hacerse en forma progresiva, comenzando por el control diurno y tolerando que se produzcan avances y retrocesos. En ningún caso se debe intimidar al niño. Es aconsejable comenzar en épocas cálidas. Una vez retirados los pañales hay que evitar volver a utilizarlos para no dar mensajes ambiguos que puedan generar confusión en el niño. El niño siente que su caca es valiosa, la expulsión y retención de la misma es algo que le da mucho placer y se convierte en un mecanismo de comunicación, de rechazo o donación. Utiliza sus excrementos como “regalo” para mostrar su afecto o como muestra de hostilidad hacia sus padres. Esta situación contribuye a la afirmación de su personalidad, le da poder, y puede también ser un medio del que se vale el niño para llamar la atención.
Nuestra cultura le va imponiendo límites al niño, ya no puede hacer lo que quiere en cualquier momento, tampoco puede jugar con su caca. Por ello es importante brindarle sustitutos para que pueda jugar con elementos que reemplacen al pis y a las heces, tales como plastilina, arena, agua, pinturitas. Jugando a llenar- vaciar, abrir- cerrar, revolver,
recrea sus experiencias de perder una parte de su cuerpo (la caca) y de la pérdida de la ilusión de completud madre-hijo.
Al interés por la defecación le sucede el interés por la micción, cuyo control comienza generalmente un poco más tarde.
¿A quién recurrir si necesitamos ayuda?
La Escuela Para Padres dispone de un consultorio privado, exclusivo para las consultas individuales. El mismo se encuentra en la Capital Federal y el horario de atención es de 9 a 19 horas. Se puede solicitar más información al teléfono 4803-6454 o al mail: escuelaparapadres@fibertel.com.ar
El Hospital Italiano de Buenos Aires brinda asesoramiento en sus consultorios externos y cuenta con especialistas en el área. Está ubicado en Gascón 450 y su teléfono es 4959-0200. También se puede obtener información relacionada al tema a través de “aprender salud, recursos para estar mejor” un boletín de la institución que se puede consultar en su página web: (www.hospitalitaliano.org.ar)
Materna, un club dedicado a mamás y futuras mamás brinda información específica y personalizada para resolver problemas concretos del día a día en forma gratuita. Ofrece también la posibilidad de encontrarse con otras mamás para compartir experiencias y organiza eventos, charlas y foros sobre distintos temas relacionados a la infancia. Se puede consultar al 0800-122-6283, o a través de su página web: www.materna.com.ar
Los NO
No presionar al pequeño para que desarrolle conductas que impliquen un desafío superior a sus posibilidades. No instalar al niño en la pelela por momentos prolongados en los momentos en que se supone que debería tener ganas de orinar. No convertir cada logro en el evento del siglo. Si el chico detecta extremada alegría o decepción según cumpla o no las expectativas de los padres, usará el control de esfínteres para expresar su amor u odio y perderá sus propias sensaciones como referencia principal. No despertarlo de noche, pensando que así evitará despertarse mojado, ya que el niño debe aprender a conocer sus propias sensaciones. No permitir que los hermanos mayores o algún otro miembro de la familia se burle de ellos si mojan la cama o no llegan a la pelela. No es necesario restringir la ingestión de bebidas, ya que no suele tener un efecto importante en estos casos. No manifestar ansiedad si un chico que ya controlaba esfínteres deja de hacerlo. Muchas veces son etapas pasajeras que se deben a motivos externos, en todo caso, es conveniente conversarlo con el pediatra. No retarlo ni demostrarle angustia si se hace pis encima, ya que seguramente él también estará angustiado si eso le ocurre.
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